Huelga General, por supuesto.

La Huelga General convocada por los Sindicatos para el próximo veintinueve de septiembre es la respuesta democrática y organizada a la reforma laboral del Gobierno de Rodríguez Zapatero que, lejos de crear empleo –ésa es la falacia en la que se basan todas las reformas que afectan al mundo del trabajo- dejará a más personas en el paro, precarizará aún más el empleo y dará más poder a los empresarios para que sigan acumulando beneficios.

Los Sindicatos han estado a la altura de las circunstancias con esta convocatoria, en la que, además, el apoyo sindical es casi unánime y están trabajando desde antes del verano para que la huelga sea un éxito. Saben, no obstante, que la huelga va más allá de  las organizaciones sindicales y que hay que sumar apoyos en el mundo de la cultura, en los movimientos sociales y, por supuesto, en la izquierda política y social de este país que no se resigna a vivir al dictado del neoliberalismo, esa ideología perversa que convierte al mercado en dios y en mercancías a las personas.

Vivimos, por lo tanto, la preparación de la huelga con actos públicos y manifiestos, carteles y octavillas, debates y tertulias, opiniones y sondeos en los medios de comunicación y yo quiero recordar, modestamente, que una huelga son palabras mayores en la historia del movimiento obrero, porque ha costado miles de esfuerzos, y hasta la vida, de muchos trabajadores; la huelga es, generalmente, el punto de llegada de una movilización social, un instrumento de lucha para conseguir mejoras sociales y laborales y para defender los derechos largamente conquistados, siempre en peligro por la voracidad del sistema capitalista, y es también una prueba de la solidaridad  entre las personas de una clase, de un grupo, de un pueblo, que comparten inquietudes y problemas, propuestas y alternativas.

Y digo esto porque, a veces, oigo hablar de la huelga como un trámite: muchos trabajadores dicen que no van a secundarla porque no servirá para nada, arremeten contra los Sindicatos como si nunca dieran la talla, dicen que el Gobierno no va a rectificar su política social y laboral y, en definitiva, que ya vendrán tiempos mejores… Es verdad que el pensamiento único ha influido tanto en la conciencia que muchas personas no quieren ver que los dramas cotidianos que golpean a tanta gente son las consecuencias de la crisis económica y la constatación del fracaso del sistema capitalista; pero la realidad es la que es y, por lo tanto, hay que exigir responsabilidad política a los Gobiernos que, como el de Rodríguez Zapatero, piensan que facilitando el despido se crea empleo o que el dinero se puede sacar del bolsillo de los empleados públicos o ampliando la edad de jubilación, mientras la banca sigue acumulando beneficios y la fiscalidad sigue gravando de manera injusta a quienes menos tienen. 

Por todo esto, en un país, como el nuestro, donde los trabajadores están pagando las consecuencias de la crisis del sistema capitalista en forma de despido, expediente de regulación de empleo, recorte en las prestaciones sociales o merma en los servicios públicos, donde se está desmantelando el estado de bienestar conseguido hasta ahora y se subordina la democracia al poder de los mercados, una huelga general es la respuesta ciudadana más democrática, solidaria y comprometida en estos momentos.

En Francia, por ejemplo, han pensado que no quieren dar ni un paso atrás en la edad de jubilación, que allí, por cierto,  está en los sesenta años, y ha habido una huelga el pasado ocho de septiembre con una manifestación de dos millones de personas en París, y ya hay fecha para la próxima, que tendrá lugar el día veintitrés de este mes.

También en España la Huelga General va a ser un éxito, aunque haya que luchar contra el conformismo, el pensamiento reaccionario de la derecha o la desinformación. Aún tenemos tiempo hasta el día veintinueve, para que el día treinta de septiembre empecemos a recoger los frutos. 

Linares, 12 de septiembre de 2010.

Fdo.: Ana Moreno Soriano.