Vaya tropa... DE SIN VERGÜENZAS.

Nos rodea el descaro, la falta de escrúpulos y la desvergüenza. La cara dura, vamos. Altas autoridades nacionales y europeas, altos cargos públicos y líderes políticos que, precisamente, deberían liderar en el terreno de la ética y la coherencia, se descubren como simples trincones del pesebre común apenas se hace público el montante de sus remuneraciones o, sencillamente, tienen que optar entre percibirlas o mantener un mínimo de decoro moral.

Veamos; el Sr. Jean Claude Trichet –Presidente del Banco Central Europeo-, ese individuo que insiste cansinamente en que España debe moderar sus salarios y abaratar el despido, se subió el sueldo un 2’5% en 2009, es decir, casi tres veces más que el IPC de la zona euro, situado en el 0’9%, y cobró ese año 360.612 euros (60 millones de las antiguas pesetas). Este pollo ganó el año pasado, por ejemplo, el doble que el presidente de la Reserva Federal de EE.UU.

El Gobernador del Banco de España –Miguel Ángel Fernández Ordóñez-, cuyo salario tradicionalmente se mantenía en secreto hasta que en el pasado mes de mayo Izquierda Unida, a través de su portavoz parlamentario –Gaspar Llamazares- pidió que se hiciera público, cobraba en 2009 la “modesta” cantidad de 194.148 euros, que ha sido rebajada a la “muy modesta” cifra de 165.026 euros tras apretarse, el pobre, el cinturón con esto de la crisis. Aún así, el ínclito cobra un 111% más que el mismísimo presidente del Gobierno, cuyos honorarios, tras apretarse también el cinturón, “sólo” son de 78.185 euros al año. El Sr. Fernández Ordóñez cobra su “modesto” salario, entre otras cosas, por aconsejar machaconamente a la patronal española y al propio Gobierno que pague menos a los trabajadores y, a éste último que, además, abarate los despidos, cosa que Zapatero ha cumplido a rajatabla y con creces.

Sigamos. El todavía presidente de la patronal española –Gerardo Díaz Ferrán-, especialista en dejar en la calle a trabajadores –Viajes Marsans, Air Comet, Seguros Mercurio- y tirados en los aeropuertos a miles de viajeros, y cuyo pensamiento, que supone la continuidad histórica del esclavismo con el capitalismo moderno, se resume en su célebre frase de que hay que trabajar más y cobrar menos, constituye otro de los ejemplos de liderazgo social y “ético” en nuestros días y en nuestra sociedad.

La Casa Real, con un presupuesto para 2011 de 8’43 millones de euros, también se aprieta el cinturón un 5’2%, si bien el recorte parece que lo sufrirá el personal a su servicio más que los propios miembros de la Casa Real.

Y, como ejemplos de coherencia, también hay un amplio repertorio, como el Sr. Valeriano Gómez, jiennense de cuna y madrileño ugestista de adopción. Este buen señor, tras participar recientemente en la manifestación convocada por las centrales sindicales el pasado 29 de Septiembre para protestar fundamentalmente contra la “reforma” laboral del Gobierno, es nombrado, sólo 21 días después, ministro de Trabajo, es decir, primer responsable de poner en marcha la “reforma” laboral contra la que él mismo se manifestaba tres semanas antes. Para qué hacer comentarios. O la señora Rosa Aguilar Rivero quien, manteniendo una coherencia inquebrantable con su bolsillo, es dada de baja del PCE en enero de 2007 por no pagar sus cuotas, es alcaldesa de Córdoba por Izquierda Unida hasta abril de 2009, consejera de Obras Públicas hasta octubre de 2010 (PSOE-Griñán) y, desde hace unos días, ministra de Medio Ambiente, Medio Rural y Marino (PSOE-Zapatero). No se descarta que esta señora, auténtica personificación de la promiscuidad política, dado que su periplo ministerial va a ser más bien breve –año y medio, a lo sumo-, vuelva a ser ministra con el PP-Rajoy en un futuro próximo.

Podríamos seguir pero, ¿para qué? Aquí lo interesante es anotar que esta tropa, al unísono, es la que está recetando y administrando las políticas que no están hundiendo, a la mayoría social, en la pobreza, el desempleo, la precariedad o, en el mejor de los casos, la pérdida de derechos y de poder adquisitivo. Pero, ¿qué autoridad moral tienen los individuos antes citados para hablar de apretarse el cinturón, de ganar menos o de renunciar a unos derechos larga y dolorosamente conquistados? ¿Cómo puede alguien, sin caer en la estupidez, prestar credibilidad a los mensajes de semejantes trincones? Y es que se ha montado todo un dispositivo dialéctico y mediático en torno a la filosofía del déficit público. Nos están metiendo hasta en la sopa la idea de que el déficit de los Estados es el cáncer, el primer problema, y único, a resolver. Y lo peor es que la gente o, al menos mucha gente, se lo cree, incluso algunos que han perdido su empleo o han sido desahuciados. ¿Cómo explicar que el déficit no es el problema, sino sólo una de las consecuencias y, desde luego no la más grave, del problema real que es el propio capitalismo, un modelo económico y social cuyas consecuencias realmente nefastas son el incremento de la pobreza, del desempleo y de la exclusión social? ¿Cómo explicar que el déficit público no es más que la expresión económica de la diferencia entre los gastos y los ingresos del Estado, y que reducir esa diferencia se puede hacer de otra manera, no reduciendo el gasto social, sino metiendo en vereda fiscalmente a quienes, con crisis o sin ella, son los que más tienen y ganan? ¿Cómo explicar, en resumen, que detrás de esa obsesión enfermiza de los poderosos por la reducción del déficit público lo que hay, en realidad, es la obsesión por evitar que quienes han provocado la propia crisis paguen un sólo céntimo? ¿Cómo explicar que, en el fondo, detrás del espantapájaros o “asustaviejas” del déficit público no hay otra cosa que la lucha feroz y despiadada del capital por mantener y aumentar su tasa de beneficios a costa de lo que sea, como siempre?

El capitalismo se ha desnudado y se ha mostrado tal cual es; como una inmensa mierda sobre la que una mayoría social intentamos salir a flote. En una situación como la actual, si en España y en Europa la izquierda tuviera más fuerza, ahora no se estaría hablando del problema del déficit público, sino del problema raíz; cómo hacer revertir hacia lo público todo lo saqueado, cómo convertir en servicios públicos lo que hoy son suculentos negocios para una minoría, muy minoritaria, pero con  mucho poder y con la cara más dura que el cemento.

Si la izquierda, en Europa y en España, pintara un poco más, quienes ahora tendrían el canguelo serían ellos, los de la cara dura, los que tienen el dinero y mandan por encima de los que mandan. Que nadie se engañe; las condiciones económicas, laborales y sociales, para la mayoría de la sociedad, ya nunca volverán a ser como las que existían hace unos años, sino sensiblemente peores y, además, la tendencia futura será a que empeoren aún más, aunque se recupere la economía y el empleo. Esto será así hasta que esa mayoría social sea consciente de su situación, identifique a los responsables de la misma y luche y se movilice por cambiarla.

Torredelcampo, octubre de 2010.

Fdo.: Manuel Pegalajar Puerta.