EL PODER DE LAS MUJERES versus MUJERES AL PODER

No es lo mismo, no, que las mujeres vayamos escalando -con cuentagotas- a los puestos de poder, cosa que sí sucede, que el hecho de que se esté forjando y asentando un poder femenino, lo cual no ocurre.

Las mujeres que acceden al poder lo hacen con la venia de los que “natural”  e históricamente ocupan ese espacio: los varones. Durante su ascenso y una vez establecidas en el ámbito del poder, deben actuar exactamente como si fueran un varón, es más, incluso cuenta a su favor si sobreactúan varonilmente, y, por supuesto, deben anteponer en todo momento las deudas que se contraen (normalmente con hombres) en el duro acceso y ejercicio del poder, a su deuda íntima con la propia condición de mujer y con las reivindicaciones de la causa feminista.

Qué duda cabe que siempre será positivo para esta causa -la feminista -que una mujer desempeñe puestos de poder. El poder tiene mucho que ver con lo simbólico, y la imagen de una mujer al frente de un consejo de ministros o de un consejo de dirección, al mando de un cuerpo del ejército o pilotando un avión, hasta si me apuran, incluso conduciendo un autobús,  redundará en una percepción de las mujeres como seres “capaces”. Al menos, potencialmente capaces.

Otra cosa ya es forjar y consolidar las condiciones para  que la mujer llegue a ejercer “naturalmente” de poderosa, o sea, para que se pueda pasar de “la mujer al poder” a un poder normalizado de las mujeres que tendría que ejercerse a la fuerza en una sociedad bastante diferente a la que ahora tenemos: una sociedad con una valoración y una organización radicalmente distintas a las actuales del complejo proceso de reproducción de la especie humana, con un concepto y una administración del tiempo vital completamente diferentes; una sociedad menos darwinista, más atenta al triunfo y progreso del conjunto que al éxito fulgurante y aplastante de sus miembros más fuertes, una sociedad menos competitiva y agonal, luego menos violenta, donde se conceptuara como fracasados a los insolidarios y no a los menos depredadores y agresivos.

Pero, repito, la mayoría de las mujeres que acceden al poder lo ejercen exactamente igual que si fueran hombres. De sobra saben que si lo hicieran de otro modo no durarían mucho en él. Algunas de ellas incluso alardean de despreciar la causa feminista, con la implacable lógica liberal-capitalista de “tonto el último” pues cada cual es artífice de su propia fortuna, al margen de las condiciones de partida.

Y ello es así porque su fuerza, su poder, no es un poder de mujer, sino un poder masculino que se les presta a ellas excepcionalmente. Por eso, desde el siglo pasado se suceden los nombres de mujeres poderosas (Tatcher, Indira Gandhi, Eva Perón, Merkel…) cuyos mandatos  tienen nula repercusión positiva en las condiciones de vida de las mujeres sobre las que ejercen su poder.

Sólo cuando las mujeres -y los hombres que creen y aspiran a la igualdad entre los sexos- estemos en condiciones de concretar cuál es la revolución que necesitamos y cómo podemos materializar las condiciones que nos llevarán a que esta revolución triunfe,  será cuando asistiremos al surgimiento de un auténtico poder femenino  en el seno de una sociedad donde las mujeres podrán ejercerlo no sólo en calidad de poderosas, sino también en tanto que mujeres. Y esto, con parecer tan abstracto, tan ideal y lejano, tiene hoy en Andalucía, con nuestra flamante presidenta, una lectura muy concreta,  a saber: permisos de paternidad intransferibles y obligatorios, red suficiente de guarderías públicas accesibles a todas las familias, prioridad máxima a los programas de atención a la dependencia, valoración como mérito en el acceso al empleo público del tiempo dedicado a la crianza de los hijos e hijas, seguimiento y recuperación del abandono escolar de las niñas hasta la etapa universitaria, apoyo al empleo femenino, criminalización y persecución decidida del proxenetismo, eliminación absoluta de contenidos sexistas de la radiotelevisión pública… en estas, entre otras cuestiones más pero no menos importantes, es donde queremos ver el poder como mujer de nuestra nueva presidenta.

Las mujeres ya no podemos ser sólo el distraído pretexto de la igualdad. Ahora toca trabajar de verdad por ella.

Por : Juana de Dios Peragón. Coordinadora Provincial del Área de Mujer en Jaén