Miguel Hernández, en Jaén

El legado de Miguel Hernández se quedará en Jaén, tras el acuerdo suscrito el martes pasado entre la Diputación Provincial y la familia del poeta. Miguel vuelve a Jaén para quedarse definitivamente, para ser admirado y querido por quienes sabiendo que los poetas pertenecen al patrimonio de la Humanidad, no olvidamos que Miguel Hernández está definitivamente unido a la memoria histórica de nuestra provincia como poeta y como soldado. Mucho de su vida, de su lucha por la libertad, de su solidaridad con los campesinos sin tierra tuvieron como escenario las calles y los campos de Jaén; aquí llegó con su esposa, recién casados en plena guerra, para poner en marcha Frente Sur, un periódico que formaba parte de Altavoz del Frente, órgano de expresión del Partido Comunista; en Jaén conoció a los poetas José Herrera Petere y Pedro Garfias y escribió algunos de sus mejores poemas como “Aceituneros”, publicado el veintiuno de marzo de mil novecientos treinta y siete en el primer número de Frente Sur; más conocido como “Andaluces de Jaén”,  sería uno de los poemas-canciones de resistencia contra el franquismo y es ahora el himno de la provincia.

Pero el Partido Popular, con la sensibilidad que le caracteriza, ha criticado este acuerdo por el altísimo coste económico que supone. Así lo ha expresado su portavoz en la Diputación de Jaén, María del Mar Dávila, argumentando que los tres millones de euros que va a suponer la adquisición del legado de Miguel Hernández deberían invertirse en trabajo para los jiennenses. Y esto lo dice un cargo público del partido que sustenta al Gobierno, el Gobierno que se pliega hasta cuotas insostenibles a los dictados del capital y recorta cada vez más las condiciones de empleo y de bienestar social de los que menos tienen. Ojalá que fuera una prioridad para los gobernantes del PP que Jaén dejara de ser la última de la fila en salarios, en pensiones, en empleo y hasta en habitantes, porque ha perdido casi seis mil en los últimos cuatro años.

Pienso que si Miguel Hernández hubiera escuchado a María del Mar Dávila, se habría acordado de Federico García Lorca, cuando pedía, juntos,un trozo de pan y un libro o se habría acordado de María Teresa León y de los soldados hambrientos y helados de frío que llevaron a cabo el salvamento del Museo del Prado bajo las bombas fascistas; y él, que era del pueblo como la tierra y el río, pensaría que sólo quien ama la cultura puede luchar por el pan bien repartido, es decir, por la libertad y la justicia.

Me pregunto si la diputada del Partido Popular habría mostrado la misma sensibilidad ante los que no tienen empleo si ese dinero –o parte de él- se hubiera destinado a otro fin, como por ejemplo, desplegar una gran bandera de España desde el castillo al boulevar de Jaén o, simplemente, si en vez de un poeta comunista como Miguel Hernández fuera el legado de otra persona ligada a sus planteamientos ideológicos. Mi respuesta es que las ideas dominantes son las ideas de las clases dominantes y las ideas del Partido Popular contribuyen de forma decisiva a la involución ideológica de este país en los últimos años. En Jaén se nota esa hegemonía ultraconservadora en todas las instituciones en las que tiene presencia el Partido Popular, pero no sólo en Jaén: recientemente, la diputada Rocío López, en la Comisión de Justicia del Congreso, rechazó la proposición de Ley de Izquierda Plural sobre la extradición de torturadores franquistas reclamados por una juez en Argentina pero, además, se despachó con un carpetazo a la Historia, en el que tuvo incluso la desfachatez de perdonar a los comunistas. La historia al revés, que diría un castizo: el PCE, ejemplo de reconciliación nacional, vanguardia de la lucha por la libertad y la democracia, perdonado por la derecha más rancia de este país para quienes la patria es una bandera y no la gente que lucha y trabaja, escribe y piensa y sale a la calle para defender sus derechos. Les molestamos y les resultamos incómodos, sencillamente porque no hemos claudicado y mantenemos vivo el legado de nuestra memoria; Miguel Hernández es parte de ese legado y Jaén va a ser su casa. Bienvenido, otra vez, a la tierra de los aceituneros altivos.

ANA MORENO SORIANO