El poder de la gente

Dentro de dos semanas, se abrirán de nuevo los colegios electorales para las Elecciones al Parlamento Europeo. Oímos con frecuencia que en esta cita electoral hay mucha abstención y que no se dirimen asuntos de Europa sino otros más cercanos, como el mayor o el menor apoyo a los partidos de ámbito nacional, que se sitúan en la carrera electoral pensando en las Elecciones Municipales y Autonómicas del año que viene, y en las Generales después. Los partidos tienen derecho a diseñar la estrategia que consideren y a sacar sus conclusiones –una de ellas, la traslación de unos resultados electorales a otros-, pero en cada convocatoria electoral hay un hecho incuestionable del que Izquierda Unida ha hecho en esta ocasión el lema de su campaña: el poder de la gente.

Pensemos en el poder. ¿Qué es el poder? Es la capacidad de decidir y, referido específicamente a la vida de los seres humanos en sociedad, de influenciar y determinar la conducta de otros seres humanos. El poder supone, de un modo más concreto, la capacidad de dirigir o transformar las relaciones sociales reduciendo, o anulando incluso, la resistencia de quienes actúan con fuerzas contrarias. La realidad social es un complejo sistema de relaciones de poder de diferente carácter -político, religioso, ideológico, jurídico, técnico...- determinadas por el poder económico que mueve los hilos para que todo funcione de una manera determinada. Conocemos el poder por sus efectos porque no tiene rostro, y mucho menos alma, y frente a ese poder invisible y omnipresente, Izquierda Unida sitúa el poder de la gente y afirma que en nuestras manos está cambiar el modelo de sociedad neoliberal que convierte a las personas en mercancías, por un modelo más justo y más democrático, en el que los derechos humanos sean una realidad y no una aspiración que nunca llega.

Siempre ha sido el pueblo consciente y organizado quien ha disputado el poder a lo largo de la Historia; son personas concretas con sus vidas y sus luchas cotidianas, quienes han protagonizado los grandes cambios sociales y esos cambios sociales dependían, efectivamente, de unas condiciones objetivas –¿cuándo no existen para los pobres?- y de unas condiciones subjetivas, que eran ellos mismos, su convicción, su compromiso, su conciencia de clase, su esperanza… Pues bien, el veinticinco de mayo, el poder de la gente es el poder de cada persona para decidir que las instituciones europeas estén al servicio del capital o al servicio de los trabajadores; para decidir que el dinero del Banco Central Europeo atienda a los países de Europa o siga favoreciendo a la Banca; para avanzar en la igualdad de género y acortar distancias en salarios y pensiones; para construir una Europa que tenga en cuenta que el Sur no aporta sólo sol para el turismo, sino agricultura, conocimiento y, en el caso de Jaén, olivos centenarios sometidos a una nueva discriminación en la reforma reciente de la política agracia comunitaria. Nuestra vida cotidiana está muy determinada por lo que deciden las instituciones europeas pero quizás no somos conscientes de que podemos cambiar un modelo de Europa  fracasado, que ha puesto al capital muy por encima de la ciudadanía, porque no vislumbramos alternativas. Y, en ese caso, podemos pensar que los acuerdos del Parlamento Europeo o las decisiones del Banco Central, del Fondo Monetario Internacional o de la Comisión Europea nos quedan muy lejos; podemos creer que en la alternancia bipartidista se dirimen las diferencias políticas cuando, en realidad, en Europa gobierna una gran coalición de socialdemócratas y conservadores, que han votado lo mismo en más del setenta por ciento de las propuestas; podemos dejarnos llevar por el fatalismo y la resignación y pensar que esto no tiene arreglo…

Pero también podemos tomar conciencia de nuestra fuerza como ciudadanos y ciudadanas y acercarnos a las urnas, no sólo con la papeleta del voto, sino con la convicción profunda de que estamos cambiando los signos de los tiempos e inaugurando para la vieja Europa una etapa de esperanza. Porque la capacidad de decidir está en la gente. Es el poder de la gente. 

ANA MORENO SORIANO